Clínica de Acupuntura

Dra Mª Luisa Monterde     &     Dr Héctor Simón

Blog

Cápsulas Probióticas. ¿Si o no?

Dr. Héctor Simón

Creado el miércoles 9 de octubre del 2019

Teniendo en cuenta los grandes avances que se están llevando a cabo en el campo de la microbiota, no es de extrañar que cada vez más pacientes nos pregunten sobre los probióticos “de síntesis”, esto es, pastillas probióticas. Y que con ellos quieran solucionar problemas de todo tipo.

En los últimos años ha habido un gran auge de este tipo de complementos alimenticios, pasando de ser algo casi inexistente, como cuando solo teníamos ‘ultralevura’, a un negocio millonario.

Se han visto resultados muy positivos en el uso de capsulas probióticas en determinadas enfermedades; nosotros las prescribimos puntualmente si lo consideramos, pero no creemos que sean la solución. Sí son una ayuda temporal. Muchos pacientes y profesionales creen que al comprar estas caras capsulas, están arreglando la base del problema.

Al ver las funciones de la microbiota, no es extraño que la veamos como la piedra angular de cualquier tratamiento. Cada día está más claro que tiene un papel importante en el mantenimiento de la salud y en su pérdida. Y esto hace que se conecte un programa mental muy habitual en nuestra sociedad occidental-industrial-guerrera. Este programa es la intervención-control. Pero en el caso de la microbiota pensamos que la investigación todavía está muy verde como para pretender controlarla.

En las mejores analíticas de microbiota se estudian unos cientos de bacterias y algunos hongos. Y en base a esto se prescriben probióticos y prebióticos, los probióticos que más cepas bacterianas tienen apenas cuentan con 10 o 12.

Pero en nuestra arrogancia estamos intentando controlar un ecosistema de miles de especies bacterianas, que están interactuando entre ellas y con innumerables especies de virus, hongos, levaduras y arqueas… nos parece que este micro manejo del ecosistema no es adecuado.

Además todavía hace relativamente poco tiempo que existen estas “pastillas” con lo cual no se sabe su posible efecto negativo a largo plazo, si es que tiene alguno.

Otro punto a mencionar es la relación que existe entre intestino-cerebro, o intestino- mente, siendo por tanto el estado anímico algo a tener en cuenta cuando se quiere mejorar la función de la microbiota, esto es una vía de dos sentidos que no podemos olvidar. Un punto fundamental es el trabajo sobre los que los antiguos chinos llamaron SHEN (psiquismo, personalidad, mente, manera de ser…). Este concepto se ve claramente en la tremenda relación que existe entre la microbiota y el estrés. En esto la acupuntura ofrece una ayuda inestimable.

Y qué decir del ejercicio físico y su influencia sobre la microbiota... es un tema ampliamente estudiado y del que se puede encontrar fácilmente información en Internet.

En lugar de pretender hacer modificaciones en la microbiota con una pastilla, pensamos que es mucho más interesante abordar el problema desde varios ángulos, para lo cual la implicación del paciente es necesaria. Así proponemos a los pacientes la realización de cambios en su estilo de vida, paulatinamente. Esto es mucho más barato y más efectivo a largo plazo.

Dentro de los cambios en el estilo de vida que deben realizarse para potenciar la actividad de la microbiota, el más fácil de realizar es el cambio en la ALIMENTACIÓN. Para esto es evidente que el paciente debe formarse, para poder tomar sus propias riendas y no estar sometido a dietas y complementos.

La alimentación constituye un puente, un traspaso de información entre el entorno y nuestros genes. Debemos proporcionar al organismo elementos que le resulten familiares, para que estos se expresen adecuadamente. En base a esto hay que tener en cuenta que la microbiota interactúa con nuestro material genético, por tanto estos conceptos pueden resultar más importantes de lo que parece.

Uno de los elementos que podemos hacer en casa para favorecer las comunidades microbianas son los ALIMENTOS FERMENTADOS, siendo los más sencillos los fermentados de vegetales. A través de técnicas sencillas, podemos ajustar nuestra alimentación, teniendo en cuenta que vivimos en simbiosis con estas comunidades microbianas. Esto debe hacerse poco a poco, leyendo, probando, reaprendiendo lo que muchas abuelas ya sabían.

A diferencia de las pastillas probióticas, los alimentos fermentados han sido utilizados durante mucho tiempo. Hay datos de fermentación en culturas de todos los continentes, de miles de años de antigüedad, por tanto, sabemos empíricamente que son seguros y llevan una información que nuestro organismo sabe cómo gestionar. El proceso de fermentación enriquece el alimento, ya que aumenta la biodisponibilidad de diversos nutrientes (vitaminas, oligoelementos, etc), y en muchos casos se producen nuevos productos bioactivos con propiedades antiinflamatorias y antioxidantes.

Por otro lado está la vitalidad de las cepas: no es igual una bacteria natural –que ha tenido la vitalidad para crecer en la naturaleza- que una criada en las mejores condiciones de laboratorio. Las cepas de laboratorio crecen aisladas, por el contrario, las de los alimentos fermentados crecen en comunidades; nada en la naturaleza crece aisladamente, todo forma parte de un ecosistema dinámico.

Por poner un símil, es como comparar la carne de una vaca de cría industrial -en un establo, privada de libertad para moverse, alimentada con piensos y sumergida en sus heces- con la carne de un ciervo salvaje –que se ha movido, que ha tenido que solucionar sus problemas de salud, que ha comido multitud de tipos de hierba-… en fin. También podríamos hacer el símil entre un tomate de invernadero, carente de sabor y de nutrientes, y un tomate de los que crecen en la huerta, de variedades locales, adaptado al entorno, una planta resistente. Siendo el segundo mucho más rico y nutritivo.

Otras cosas que podemos hacer para mejorar el estado de la microbiota desde la alimentación es aumentar la cantidad de fibra, ya que esto es lo que comen las bacterias. Aumentar la ingesta de vegetales de todas clases. En este punto hay que recordar que los vegetales silvestres son el gran desconocido, siendo la carga de nutrientes que aportan mucho mayor que la de los cultivados. Es interesante ir aprendiendo a reconocer algunas hierbas comestibles e introducirlas en las ensaladas. Hablaremos de ello más adelante en otro post.

Y por último, no podemos olvidar el caldo de huesos, debemos saber que éste mejora el epitelio intestinal y, con ello, a la microbiota. También haremos un post sobre los caldos de huesos y sus propiedades.

Conclusión

Pensamos que las cápsulas probióticas no son la solución mágica. Son caras y podemos conseguir resultados iguales o mejores mediante cambios programados en nuestro estilo de alimentación. Introduzcamos cada día algún alimento fermentado, pensemos en nuestras comunidades microbianas al alimentarnos.

La medicina tradicional china propone soluciones que están en total sintonía con la medicina evolutiva moderna. Tenemos un diseño, fruto de miles de años de adaptación al entorno. La sociedad occidental moderna no favorece que nuestra estructura funcione de acuerdo a su diseño. Debemos adecuar nuestro estilo de vida a este diseño.

Nosotros proponemos a nuestros pacientes y alumnos realizar un cambio progresivo en su estilo de vida. Buscando ir cambiando poco a poco estos puntos que hemos mencionado. Siendo el más factible de cambiar en casa: la alimentación. Abogamos por una formación en temas nutricionales: Preferimos que nuestros pacientes aprendan, de tal modo que puedan modificar suficientemente sus hábitos para que su organismo funcione como está diseñado, en optimas condiciones, o por lo menos en unas condiciones que le permitan hacer lo que tenga que hacer.

A grades rasgos proponemos algunas ideas generales para ayudar a la microbiota.


Cosas a EVITAR teniendo en cuenta nuestro pasado evolutivo:



Cosas a POTENCIAR teniendo en cuenta nuestro pasado evolutivo:


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